En una vida que avanza rápido, el yoga para volver a casa.
Escrito por Josefa, alumna de la comunidad. ¿cómo ha sido encontrarte con el yoga en el camino? ¿que ha significado para ti?

En una vida que avanza rápido, la sobre exigencia y sobre-productividad es el lenguaje común del momento que vivimos.
Entrar en una sensación de piloto automático por cumplir la lista de tareas que tenemos por nuestros roles, nos lleva a una probable y esperada desconexión con nosotros, con nuestros seres queridos y nuestras acciones.
Nos desconecta incluso del goce y el placer, de los buenos momentos o las prácticas que normalmente adorábamos realizar.
Yo también me he sentido así.
He cultivado mucho mi energía de acción, construcción, proyección por buscar y conseguir mis sueños y proyectos. Amo profundamente ese aspecto, y no dudo que seguirá siendo parte de mi esencia, sin embargo, también llevaba toda la vida con un mundo interior que me pedía siempre un poco más de espacio, conectar conmigo, con mi autenticidad, con mi cuerpo y sobre todo: descansar.
De alguna forma, encontraba uno que otro momento de contemplación y quietud, pero cuando el Yoga llega a mi vida, esto se convierte en una práctica activa de dejar de hacer, y aprender a ser.
Ser.
Estar.
Vivir el momento presente.
Cultivar esos aspectos que había abandonado: mi vulnerabilidad, mi autocuidado, mi descanso, mi sentir y mi placer.
¿Quién soy cuando quito la historia mental de mí misma y de los demás? ¿Cómo se siente ser yo hoy?
¿Qué siento que necesita mi cuerpo?
El yoga es para mí una combinación entre la quietud y el desafío de movilizar mi cuerpo hacia nuevos rangos; transitando la incomodidad, el sobre pensar, o el estado emocional; apoyada y sostenida en mi respiración… donde curiosamente, encuentro en ese silencio, más respuestas que en el movimiento.
En cada inhalación encuentro una experiencia más profunda de vivir en mí, y en cada exhalación una rendición más entregada a la aceptación.
Hay una desarmonía en el caminar cuando nuestros pasos los dirigen sólo la mente… y una hermosa afinación, equilibrio y balance; cuando incorporamos todo lo que somos, mente, cuerpo y alma; en un baile más natural, más libre, más vivo y expansivo.
Agradezco haber encontrado una práctica que me encuentre con mi espíritu y mi cuerpo, porque desde ahí, mis relaciones, creaciones, trabajo y existencia se convierten en una versión más auténtica de mí misma; servir sin abandonarme en el camino.

